LA HISTORIA DE VIDA DESDE LA EPISTEME HERMENÉUTICA

 


Revista Estudios Culturales, 13 (25), enero-junio 2020. ISSN: 2665-0177 Print ISSN: 1856-8769

 




  Ensayo               

La historia de vida desde la episteme hermenéutica

The life story from the hermeneutical episteme

 

Gerardo Barbera1

Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela. gerardojoba@gmail.com

Identificador Orcid: 0000-0001-7389-2538


Recibido: 3/6/2019. Aceptado: 10/9/2019.

Resumen                                                                                                       

La historia de vida se presenta como una opción epistémica para el estudio de las ciencias sociales, y de modo particular, como modo hermenéutico de comprensión de las historias existenciales de las personas concretas y reales desde su entorno comunitario. En este ensayo se ofrece una fundamentación ontológica de la historia de vida centrada en la realidad social y en el ecosistema comprendidas como complejas en mismas, y que, por lo tanto, no puede ser abordada satisfactoriamente desde una concepción atomista ni mecánica propia de la mentalidad racional y analítica del paradigma de la modernidad. Además, se propone la hermenéutica como opción epistemológica, de modo especial, en el área de las ciencias sociales. Desde la hermenéutica cobra sentido la historia de vida como estrategia metodológica propia del área de las ciencias sociales y de los estudios de la antropología cultural.

Palabras clave: Complejidad, Hermenéutica, Historia de Vida, Modernidad, Existencia.

 

Abstract                                                                                                       

The life story is presented as an epistemic option for the study of social sciences, and particularly as a hermeneutic way of understanding the existential histories of concrete and real people from their community environment. This essay presents an ontological foundation of the life story centered on the social reality and on the ecosystem understood as complex in themselves, and that therefore, cannot be satisfactorily addressed from an atomistic and mechanical conception proper to the mentality rational and analytical paradigm of Modernity. In addition, Hermeneutics is proposed as an epistemological option, especially in the area of social sciences. From the Hermeneutics the life story as a methodological strategy of the area of social sciences and studies of cultural anthropology makes sense.

Keywords: Complexity, Hermeneutics, History of Life, Modernity, Existence.

Cuadro de texto: 1. Especialista en Educación Superior (Universidad de Carabobo), Magíster en Desarrollo Curricular (Universidad de Carabobo). Doctor en Educación. Obras publicadas: “Ética, locura y muerte”, “Ética, locura y muerte (segunda parte)”, “Reflexiones elementales en torno a la ética”, “En torno al conocimiento”, “Trascendencia”. “La Filosofía de Cerca”. Profesor titular de la Universidad de Carabobo.


La historia de vida se presenta como alternativa epistémica y como estrategia de investigación dentro del campo de las ciencias sociales, que permite al investigador penetrar en las entrañas del conjunto de relaciones que se desarrolla en la cotidianidad de la vida misma de cualquier comunidad. Este recorrer vivencial deja sus huellas en el mundo de los significados existenciales de cada ser humano concreto, desde su realidad histórica y cultural conformando su mundo de relaciones interpersonales que le dan sentido trascendental a la vida personal, comunitaria y social. En este sentido, Rodríguez (1987) afirma lo siguiente: “La existencia es un convivir, un vivir con los otros. Se evidencia esta convivencia en la transformación del mundo, en las decisiones culturales, políticas, en el trabajo como condición fundamental de la existencia, en el lenguaje como comunicación” (p. 5).

En lo esencial, la historia de vida se ofrece como la posibilidad de metodología de la investigación que se hace vida; que cobra sentido en cuanto se realiza desde la actitud hermenéutica, como opción epistemológica alterna y complementaria, que trasciende los reduccionismos propios de las ciencias analíticas y matemáticas. En la historia de vida se puede dar el encuentro entre el investigador cargado de teorías académicas y la vida de una persona tan sencilla como la vida misma.

Por eso, en la medida que se desarrolla el proceso de investigación utilizando la metodología de la historia de vida, se hace evidente el surgimiento de un mundo de significados existenciales antropológicos, en los que aparecen signos profundos del sentido de la vida como persona y como pueblo. Es precisamente la búsqueda de este sentido de la vida lo que da características trascendentales a la historia de vida en cuanto modo y estrategia de investigación.

No es tarea sencilla, ni elemental la búsqueda de signos existenciales que trasciendan el absurdo presente en la realidad. Más allá de los aportes de una investigación académica, el ser humano puede sentirse solitario y abandonado a su suerte en un universo que desaparece en la nada, experiencia, que Barbera (2008: 83) presenta como angustia:

 

En esta experiencia de encontrarse en un mundo sin forma y sin sentido, capaz de producirle náuseas, el hombre siente una angustia profunda, que se convierte en la mayor sensación de soledad que alguien pueda imaginar: un universo solitario, donde el hombre sería la nada de un planeta insignificante.

 

Las investigaciones realizadas desde la historia de vida se proponen como una opción alternativa al paradigma positivista del paradigma de la modernidad. En este sentido, se están dando los primeros pasos, por lo cual, este artículo sólo pretende ser una reflexión teórica que aporte fundamentos existenciales y antropológicos a todo el proceso de investigación de los significados existenciales, que trasciendan los fundamentos dogmáticos de la sociología positivista.

 

La complejidad como opción ontológica y fundamento de alternativas epistémicas integrales

 

El método de investigación es una opción epistemológica, que se hace desde un fundamento ontológico; es decir, desde una determinada concepción de la realidad, o del ser en del universo. Por tanto, el método supone mucho más que la simple elección de “pasos” que facilitan el estudio, requiere de un fundamento ontológico y de una opción epistemológica, desde una realidad física, biológica, espiritual que es compleja en misma.

Al respecto Morin (2006: 23), utiliza el término “estrategia” como el adecuado para optar por una metodología: “El método es obra de un ser inteligente que ensaya estrategias para responder a las incertidumbres. En este


sentido, reducir el método a programas es creer que existe una forma a priori para eliminar la incertidumbre”, pero la incertidumbre, el desorden, el azar son elementos constitutivos de la realidad.

De hecho, la metodología sugiere una ontología a la cual responde. En este sentido, la modernidad inaugurada por Descartes ha sido coherente: a la conciencia analítica, matemática y racional del sujeto, le correspondió una realidad esencialmente concebida como pura extensión medible y cuantificable. La modernidad en sus propuestas positivistas, supone una concordancia continua entre conciencia y naturaleza, o si se prefiere, entre sujeto y objeto. ¿Por qué la conciencia era analítica y el método matemático? Sencillamente porque la realidad exterior era en misma “una cosa extensa” cuya esencia era la cantidad y la extensión, sus medidas y su peso. Moreno (2006: 226) describe el pensamiento cartesiano: “Pero dado que la materia es extensión, y además inerte, el movimiento del universo es pasivo, extrínseco al mismo, que carece de energía. De ahí un universo máquina. Están fijadas las bases para el mecanicismo y determinismo de la ciencia”. De hecho, desde este paradigma, la realidad se adaptaba perfectamente a las leyes de la lógica racional y al cálculo matemático; lo

que no entraba en este esquema no era considerado objeto de la ciencia.

Sin embargo, se reconoce que la relación coherente entre la conciencia propia de la epistemología de la modernidad y de la concepción ontológica a la que responde, ha producido a través de sus logros científicos, avances significativos y aún insospechados en todas las áreas de la tecnología y de las ciencias biológicas y físicas; al punto de conformar elementos estructurales de la cultura concreta de la humanidad actual.

Efectivamente, sería absurdo negar los avances de la humanidad en cuanto al conocimiento científico y de la correspondiente producción técnica y su desarrollo industrial. No quiero ser de los que reniegan del conocimiento científico de la modernidad, escribiendo sobre la “muerte del sujeto” en mi computadora particular de última generación comercial, disfrutando de un agradable “aire acondicionado”.

Sin embargo, se trata de situar las cosas. Tal vez, la problemática consiste en las visiones miopes y reduccionistas del concepto de conocimiento científico desde el paradigma de la modernidad, cuya lógica sostiene que solamente desde la conciencia analítica, matemática y racional, se puede hablar con propiedad del conocimiento científico; y, por tanto, todo objeto del conocimiento científico, tiene que ser reducido a las expresiones matemáticas. De modo, que, en el fondo, la única ciencia sería la física y su única expresión la matemática.

Ahora bien, ¿puede ser el hombre considerado un objeto de estudio de la ciencia dentro de este esquema positivista?, para algunos sí, para otros no. Y la diferencia entre unos y otros, es principalmente ontológica y, en consecuencia, epistemológica. Se aclara, esta disputa epistemológica, se abarca principalmente en el área de las ciencias “humanistas”; es decir, en el ámbito de las ciencias que estudian al hombre en sus dimensiones personales y sociales.

En efecto, estos cuestionamientos epistémicos se han vivido y se viven con mayor intensidad principalmente en la psicología y en la sociología. Gevaert (2005) advierte sobre la posibilidad de la crisis del absurdo existencial, del hombre considerado como “algo” sumergido en el entorno del comercio y la tecnología, como nuevo modo cultural del “animal racional”: “Un mundo dominado únicamente por la ciencia y por la tecnología podría incluso revelarse inhabitable, y esto no sólo desde el punto de vista biológico, sino sobre todo desde el punto de vista cultural y espiritual” (p.12). El método positivista se fundamenta en la ontología de la “cosa”. En consecuencia, las ciencias humanas consistirían en el estudio de una de las cosas que nacen se reproducen y mueren como todos los seres vivos del ecosistema planetario.

En este trabajo se propone una opción epistémica, desde una ontología no reducida a sus dimensiones matemáticas,


sino, que sea base en una realidad compuesta por un conjunto infinito de sistemas complejos, donde todas las

dimensiones tendrían que ser consideradas como partes fundamentales de la realidad universal y trascendental.

En efecto, el ser entendido como complejidad, no puede ser reducido a simple objeto de estudio desde la razón analítica fundada en un conocimiento científico exacto y expresado en resultados precisos propios de la matemática, tal como lo afirma Hartmann (2007: 8) al indicar el “ser”, del ente que se le escapa al positivismo: “La exactitud de la ciencia positiva tiene su raíz en lo matemático. Pero esto no constituye en cuanto tal las relaciones cósmicas. Todo lo cuantitativamente determinado es cantidad de ‘algo’”.

Entonces, si la conciencia analítica de la modernidad, ya ha sido cuestionada en el área de las ciencias físicas, con mayor razón ha resultado insuficiente para comprender satisfactoriamente el fenómeno humano en todas sus dimensiones.

En todo caso, desde el paradigma de la complejidad, como opción ontológica, la realidad se concibe como un conjunto de relaciones, que se complementan y se interfieren entre sus elementos, y no como una suma atómica de elementos que puedan ser separados a voluntad de los investigadores. La problemática del conocimiento científico es más complicada, ya que ningún elemento de la realidad consigue su plena comprensión desde su individualidad, sino dentro de un sistema de relaciones.

Ahora bien, desde una concepción de la realidad entendida como complejidad en sí misma, resultan interesantes las ideas de Morin (1999), en torno a su visión acerca de un universo conformado por una red interminable y compleja de sistemas en constante relación, que supera ampliamente el modo epistémico analítico y atómico que siempre se ha propuesto desde la modernidad:

Todos los objetos clave de la física, de la biología, de la sociología, de la astronomía, átomos, moléculas, células, organismos, sociedades, astros, galaxias constituyen sistemas. Fuera de los sistemas, no hay sino dispersión de partículas. Nuestro mundo organizado es un archipiélago de sistemas en el océano del desorden. Todo lo que era objeto se convierte en sistema. Todo lo que era incluso unidad elemental, se convierte en sistema (p.121).

En lo esencial, el paradigma de la modernidad, desde su concepción analítica, pretende aislar a su objeto de estudio y analizarlo como una mónada independiente del entorno y del mismo científico que realiza el estudio y, de este modo, logra manipular y conocer su objeto de estudio, en función de la utilidad y de la creación tecnológica; pero, no puede, ni parece interesarle, la comprensión total y sistémica del objeto de estudio. Menos, parece interesarle las implicaciones antropológicas y sociales del conocimiento en sus dimensiones de significados existenciales. De este modo, desde el paradigma de la modernidad, conocimiento y utilidad coinciden.

Por otra parte, en el área de las ciencias sociales, que trata sobre el problema humano en sus dimensiones personales y sociales, el conocimiento útil no parece suficiente. La realidad se presenta como parte de la humanidad, y no como lo meramente manipulable y útil. Lo humano es trascendencia del ser cosa; no todo lo humano se puede expresar en medidas matemáticas. De hecho, desde una filosofía materialista, atea y nazi, Heidegger (2001: 29) distingue el ente (cosa) del ser del ente (existencia), para resaltar lo propiamente humano, como distancia del ente-cosa del entorno:

 

El ser del ente no es un ente. El ser exige un modo particular de ser mostrado, que se distingue esencialmente del descubrimiento del ente. El primer paso filosófico en la comprensión del problema del ser consiste en no determinar el ente en cuanto ente derivándolo de otro ente, como si el ser tuviese el carácter de un posible ente.


Desde la episteme alternativa de la complejidad, el hombre se concibe en constante relación natural con un ecosistema complejo en mismo. La complejidad antropológica. Y esta complejidad del ente no es una opción epistémica; sino, un hecho ontológico. Así, pues, entendida la realidad como compleja, como una red interminable de sistemas, la relación entre el sujeto y la realidad no puede reducirse a la tradicional relación de sujeto versus objeto, cuya finalidad era el conocimiento matemático propio de una realidad extraña y manipulable; sino, la interacción del ser humano con una realidad en eterna relación, donde él está implicado integralmente.

En el fondo, el conocimiento científico se hace un problema de sentido de la existencia. El conocimiento de la realidad implica la existencia del sujeto y este conocimiento científico se integra al saber como modo antropológico total y no divisible. Lo que se dice de la realidad, se dice del hombre. Por tanto, la ciencia va más allá de la pretendida “lectura objetiva” de la realidad, hacia la comprensión existencial y trascendental de la misma. Sin dudas, el conocimiento matemático de la realidad es necesario e importante, pero no responde a todas  las dimensiones inquietantes del conocimiento humano. Entonces, el conocimiento positivista, racional y matemático tiene su cabida epistémica como parte de un sistema integral de comprensión de la realidad física,

orgánica, antropológica, social y trascendental, que le es propia al ser humano.

En este sentido, la investigación científica se torna compleja, especialmente en el ámbito de las ciencias sociales, y éste es precisamente el reto epistemológico del saber científico en todas sus áreas, y con mayor eficacia, en el ámbito de las ciencias antropológicas y sociales. Efectivamente, la cuestión epistémica debe responder a la siguiente pregunta: ¿cómo realizar una investigación científica en el área de las ciencias sociales, más allá de las pretensiones objetivistas y matemáticas del paradigma de la modernidad?

Por otro lado, se debe tener en cuenta que el hombre y la sociedad están cambiando de paradigma existencial, en un mundo que se hace impersonal, en un mar de vacío existencial, como lo advierte Barbera (2012: 231) al referirse a la posibilidad de alienación desde la internet:

 

¡Por favor, no tocar la puerta! La soledad erótica es el sueño de algunos intelectuales y escritores del nuevo milenio, ya sean de izquierda o de derecha, del centro, del este, del oeste, nada de eso importa en la soledad de la habitación. ¡No toquen la puerta! ¡No molestar! ¡Viva el sexo virtual! La vida es un viaje placentero al inconsciente personal que se hace bajo la inspiración de la milagrosa Internet ¡Sexo!

¡Emociones! ¡Dinero! ¡Poder!, todo lo que el hombre ha soñado a lo largo de tantos siglos se hace

realidad con tan sólo un “enter”.

 

De hecho, el modo de investigación positivista no logra niveles satisfactorios de comprensión de los retos existenciales del ser humano del nuevo milenio; lo humano trasciende las expresiones matemáticas y racionales. Ahora bien, antes de abordar en modo específico la opción metodológica y epistémica, cabe destacar que la realidad, entendida como mundo físico es complejidad relacional en misma, de modo que el objeto como individualidad es una manipulación epistemológica, que en el mejor de los casos “sirve”, es útil y promueve la supervivencia de los seres humanos en el planeta. Pero, la razón científica analítica, no permite la completa comprensión ni siquiera de la realidad física, menos del fenómeno humano y social. Además, la comprensión existencial de la realidad física y del sentido de la vida del ser personal y social, no es un problema que se aborde, ni siquiera como curiosidad, desde los

círculos científicos propios del positivismo del paradigma matemático de la modernidad.

Así pues, frente a una realidad física compleja en misma, se propone la opción de una epistemología adecuada a dicha complejidad, que, aceptando los datos de las ciencias físicas, procure la comprensión humana y existencial de la realidad integral del universo, incorporando lo personal y la social en la historia vital de la


cultura y sus correspondientes significados existenciales.

Se trata de desarrollar el modo de investigación que permita acercarse al fenómeno social, en búsqueda de comprender la maraña de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares en constante relación, que componen la trama social en su cotidianidad. No sería suficiente con afirmar “científicamente” que el 80% de los niños de los sectores marginales, tienen problemas de desnutrición, lo que incide en los niveles de rendimiento escolar. El investigador tiene que entender, comprender y sentir lo que es el hambre de un niño y traducir desde esa hambre real las causas reales del inadecuado rendimiento escolar.

Por tanto, la finalidad de las ciencias sociales va más allá de la manipulación del hombre y de la sociedad, se persigue la comprensión del problema humano en sus dimensiones personales y sociales, entendiendo que se trata de realidades complejas insertas en un ecosistema planetario complejo en mismo. Por otra parte, el conocimiento no se limita a lo objetivo, sino a la comprensión existencial e integral de todo conocimiento, de aquí la necesidad de trascender el conocimiento basado en las “leyes” de las causas y efectos propias de una episteme atomista y simplista de la realidad, que pretende el conocimiento de ideas “claras y distintas” de un mundo extraño y ajeno al hombre.

La episteme de la complejidad, incluye sujeto y realidad en un mismo escenario, donde la conciencia se dirige hacia la comprensión de su propia existencia a través del conocimiento comprensivo del hombre y de la sociedad. Es decir, las leyes del mercado, el descubrimiento de una vacuna, el estudio de una determinada cultura, la filosofía, la religión, la física, la química, la astronomía, todas las áreas de la ciencia, constituyen un único saber propio del ser humano, que le implica y le orienta en su existir personal y social, desde una trama de relaciones extremadamente complejas, y que tienen que ver con la generación, permanencia y valoración de significados existenciales presentes en las historias de vida de cada persona y cada comunidad de la sociedad actual.

 

La historia de vida como propuesta metodológica

 

De aquí la necesidad de una concepción epistémica cualitativa, que permita la interpretación de la trama

existencial del ser humano desde su misma historia de vida personal y comunitaria.

En este contexto, la historia de vida como proceso alternativo de investigación, se presenta bajo el enfoque cualitativo, como modo opcional de abordar el problema del ser humano, en cuanto ser en relación sistémica y compleja con los demás, y que vive en una situación comunitaria concreta, dentro de un espacio y tiempo determinado, en una situación de vivencia y generación de significados existenciales propios de su identidad cultural; y vivida en modo personal. Es decir, la vida es un hecho cotidiano y complejo.

La existencia del hombre y de la comunidad es un hecho real y extraordinariamente complejo. La vida humana personal y comunitaria es practicidad vital y no un “dato” a la mano del interés de los investigadores. La existencia no se subordina a los intereses científicos y académicos de los investigadores; menos, se puede pretender que los significados existenciales pueden ser objetos medibles expresados en términos matemáticos. Ahora bien, en el proceso de investigación, desde el aspecto formal, la historia de vida es una descripción producto de una entrevista. Sin embargo, no se trata de una elaboración literaria de la realidad social, en función de la belleza del lenguaje. La historia de vida, aplicada como alternativa metodológica, que se realiza dentro del área de la investigación social, no es meramente un arte creativo dependiente de la genialidad literaria de un sujeto solitario, que pretende ser auténtico y “libre pensador”. La historia de vida es un modo


científico y cualitativo que pretende la comprensión de los significados existenciales que se desarrollan y son

vividos por personas reales, en comunidades reales.

En lo esencial, el estudio desde la historia de vida requiere de la interrelación existencial entre dos personas reales y presentes durante la narración de la misma. Si la relación del investigador se establece con un ser imaginario, o no presente en el acto mismo de la narración, el resultado sería extremadamente subjetivo, producto solamente de la creatividad del investigador, y tal vez la creación se convierta en un mundo de ilusiones e historias bellas, pero ajenas a la realidad cotidiana, ya que la caracterización del ausente, ya sea una persona, comunidad, o todo un pueblo, o quizás un área social, dependería de la voluntad de quien realice el estudio de la historia de vida, o de cualquier otro estudio etnográfico.

En ambos casos, el investigador, a lo sumo, lograría el análisis de una biografía del narrador, que sería “el dato” con el cual elaboraría sus conclusiones; y este hecho es la debilidad concreta de la metodología de la historia de vida y, en consecuencia, lo cualitativo sería reducido a un modo distinto de cartesianismo: el investigador es el sujeto, la conciencia, el que piensa y la historia de vida del otro se transformaría en narración biográfica, lo cual sería el objeto, lo otro, lo pensado. Entonces, el nivel de comprensión existencial señala lo cualitativo de la aplicación de la historia de vida como método de investigación social.

En efecto, el nivel real de la relación de compromiso existencial entre el investigador y el narrador de la historia de vida, establece la posibilidad de la comprensión como resultado de la relación entre los dos. De hecho, en el proceso del desarrollo de la historia de vida, entre un narrador y un investigador interlocutor, se da posibilidad de una investigación alternativa, desde una visión hermenéutica. Precisamente, es el “entre” lo que permite que se desarrolle la comprensión de lo social en la historia de vida en misma.

Así, la actitud hermenéutica para el estudio de las historias de vida, requiere de un investigador y de un narrador, sumergidos en el mismo mundo cultural de significados existenciales, intraducibles desde una concepción lógica-matemática de las ciencias sociales. El estudio de la historia de vida se da en un mundo cultural concreto y vital, cargado de significados existenciales y complejos que suelen escapar al simple análisis lógico, cuantitativo y objetivo del hecho social. En este sentido, González (2004) con respecto al contenido de la Historia de Vida, manifiesta la complejidad antropológica de los significados existenciales, como rieles por donde gira la vida misma:

 

Algunos aspectos narrados son conscientes, pero otros no. Sobre los significados que hay en cada historia, la persona que narra no tiene control. Los significados habitan en la persona, son significados comunes a su grupo humano, y dirigen su modo de pensar, de hacer y de sentir (p. 81).

 

De hecho, si se opta por el proceso de narración y de estudio de la historia de vida, se hace necesario que el investigador pertenezca al mismo universo cultural desde donde surge la vida narrada, esta es una condición existencial, es la única posibilidad que permite la comprensión hermenéutica, o como lo expresa Moreno (2004:

15) desde la experiencia en la aplicación de las historia de vida como método hermenéutico: “Si el conocedor está ubicado en un horizonte hermenéutico radicalmente distinto de aquel en el que tiene su existencia la historia, lo conocido será un artificio, una ficción técnica de quien la elabora”. Y este es, precisamente, el primer reto del proceso de investigación a través de las historias de vida.

Efectivamente, en esta propuesta de estrategia y de proceso de investigación a través de las historias de vida, el investigador es necesariamente coautor de la experiencia existencial que se estudia, no es simplemente


un testigo, tampoco es un personaje de la historia, es ante todo, fuente de interpretación hermenéutica de significados existenciales. Y para que esto sea posible, el investigador debe pertenecer al mundo de vida de la historia de la cual es coautor.

De no pertenecer al mismo mundo de significados existenciales, lo que se consigue, en el mejor de los casos, es un estudio fenomenológico y descriptivo de una situación o vivencias sociales, que luego son utilizadas como fuentes que permiten establecer caracterizaciones de personajes que pertenecen a una realidad no comprendida existencialmente, sino, descripta tal como se presenta en la realidad, tratando de ser claros y precisos; y en esa, claridad y precisión se colocan los criterios de exactitud científica de la investigación. No es sencillo trascender el paradigma de la modernidad.

No se trata, por tanto, de ser un profesional de la “empatía” a través de cursos y experiencias de inserción en lo popular; sino, de pertenecer al mundo de lo popular, si es que se pretende estudiar la cultura particular de ese sector social, enfocados desde la historia de vida de una persona de esa comunidad, ya que los significados existenciales pertenecen a un sector cultural particular, y solamente desde ahí cobran su verdadero significado. Sin duda, la hermenéutica social se da desde la vida concreta y cotidiana.

Por tanto, en este contexto hermenéutico, la historia de vida no es, pues, solamente un recurso para la investigación, o una técnica que se aplica, o un método que se sigue. La historia de vida es la investigación en sí, es la fuente del saber que se persigue interpretar y comprender.

En definitiva, la historia de vida como método de investigación exige como condición, que el investigador pertenezca al mundo de significados culturales y existenciales de la comunidad que se estudia, de modo que se haga posible la comprensión hermenéutica de los significados existenciales, trascendiendo el nivel literario, que puede ser imaginado y trascendiendo la descripción meramente fenomenológica, que sería un modo distinto de objetividad racional del paradigma de la modernidad.

 

Reseñas

 

Barbera, G (2008) El existencialismo en Jean Paul Sartre. En Revista Osadía. 2. PP 67-87: Venezuela. Barbera, G (2012) Ha llegado el otoño. Fenomenología antropológica. En Revista Aion. Mx. México Gevaert, J. (2005) El problema del hombre. España: Sígueme.

González, V. (2004). La interpretación de la vida de un venezolano popular y la investigación en orientación. Historia- de-vida de Evelia. Tesis Doctorado, presentado a la Universidad de Carabobo: Venezuela.

Hartmann, N. (2007). Ontología (Tomo I) México: Fondo de Cultura Económica.

Heidegger, M. (2001) Ser y Tiempo. Chile: Editorial Universitaria (Traducción de Jorge Eduardo Rivera Cruchaga) Moreno, A. (2006). El aro y la trama. Venezuela: CIP-UC.

Moreno, A. (2004). Historias-de-vidas e Investigación. Venezuela: CIP.

Morin, E. (1999). El Método I “La naturaleza de la naturaleza”. España: Cátedra. Morin, E. y otros. (2006). Educar en la era planetaria. España: Gedisa.

Rodríguez, J (1987) Hacia Dios desde las relaciones intersubjetivas. En Revista        Anthropos. 15. PP 5-24- Venezuela


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