LA HISTORIA DE VIDA DESDE LA EPISTEME HERMENÉUTICA
Revista Estudios Culturales, 13 (25),
enero-junio 2020. ISSN: 2665-0177 Print ISSN: 1856-8769
Ensayo
La historia de vida desde la episteme
hermenéutica
The
life story from
the hermeneutical episteme
Gerardo Barbera1
Universidad de
Carabobo, Valencia, Venezuela. gerardojoba@gmail.com
Identificador
Orcid: 0000-0001-7389-2538
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Recibido: 3/6/2019. Aceptado: 10/9/2019.
Resumen
La
historia de vida se presenta
como una opción
epistémica para el estudio de las ciencias
sociales, y de modo
particular, como modo hermenéutico de comprensión de las historias existenciales de las
personas concretas y reales
desde su entorno
comunitario. En este
ensayo se ofrece
una fundamentación ontológica de la historia de vida centrada en la realidad social y en el ecosistema comprendidas como complejas en sí mismas,
y que, por lo tanto, no puede ser abordada satisfactoriamente desde una concepción atomista ni mecánica
propia de la mentalidad racional y analítica del paradigma de la modernidad. Además, se propone
la hermenéutica como opción
epistemológica, de modo especial, en el área
de las ciencias sociales. Desde
la hermenéutica cobra sentido
la historia de vida como
estrategia metodológica propia
del área de las ciencias sociales y de los
estudios de la antropología cultural.
Palabras clave: Complejidad, Hermenéutica, Historia de Vida,
Modernidad, Existencia.
Abstract
The life story
is presented as an epistemic option for the study of social sciences, and particularly as a
hermeneutic
way of understanding the existential histories of concrete
and real people
from their community environment. This essay
presents an ontological foundation of the
life story centered on the social
reality and on the ecosystem
understood as complex
in themselves, and that therefore, cannot be satisfactorily addressed from an atomistic and mechanical conception proper to the mentality rational
and analytical paradigm
of Modernity. In addition, Hermeneutics is proposed as an epistemological option, especially in the area of social sciences. From the Hermeneutics the life story
as a methodological strategy of the area
of social sciences and studies of cultural
anthropology makes sense.
Keywords: Complexity, Hermeneutics, History of Life, Modernity,
Existence.

La historia de vida se presenta como alternativa epistémica y como estrategia de investigación dentro del
campo de las ciencias
sociales, que permite
al investigador penetrar
en las entrañas del conjunto
de relaciones que se desarrolla en la cotidianidad de la vida misma de cualquier
comunidad. Este recorrer vivencial deja sus
huellas en el mundo de los significados existenciales de cada ser humano concreto, desde su realidad
histórica y cultural conformando su mundo de relaciones interpersonales que le dan sentido
trascendental a la vida personal,
comunitaria y
social. En este sentido,
Rodríguez (1987) afirma lo siguiente: “La existencia es un convivir, un vivir con
los otros. Se evidencia esta convivencia en la transformación del mundo,
en las decisiones culturales, políticas,
en el trabajo
como condición fundamental de la existencia, en el lenguaje como comunicación” (p.
5).
En lo esencial, la historia de vida se ofrece como
la posibilidad de metodología de la investigación que se hace vida; que cobra sentido en cuanto se realiza desde la actitud
hermenéutica, como opción epistemológica
alterna y complementaria, que trasciende los reduccionismos propios
de las ciencias analíticas y matemáticas.
En la historia de vida se puede dar el encuentro entre el investigador cargado de teorías
académicas y la vida
de
una persona tan sencilla como la vida misma.
Por eso, en la medida que se desarrolla el proceso de investigación utilizando la metodología de la historia de vida, se hace
evidente el surgimiento de un mundo
de significados existenciales antropológicos, en los que
aparecen signos profundos del sentido de la vida
como persona y como pueblo.
Es precisamente la búsqueda
de este sentido de la vida lo que da características trascendentales a la historia
de vida en cuanto modo y
estrategia de investigación.
No es tarea sencilla, ni elemental la búsqueda de signos existenciales que trasciendan el absurdo presente en la realidad. Más
allá de los
aportes de una
investigación académica, el ser humano
puede sentirse solitario y abandonado a su suerte en un universo
que desaparece en la nada,
experiencia, que Barbera
(2008: 83) presenta como angustia:
En
esta experiencia de encontrarse en un mundo
sin forma y sin sentido, capaz de producirle náuseas, el hombre siente
una angustia profunda, que se convierte en la mayor
sensación de soledad
que alguien pueda imaginar: un universo solitario, donde el hombre
sería la nada
de un planeta insignificante.
Las investigaciones realizadas desde la historia de vida se proponen como
una opción alternativa al paradigma positivista del paradigma de la modernidad. En este sentido, se están dando
los primeros pasos,
por lo cual, este
artículo sólo pretende
ser una reflexión teórica que aporte
fundamentos existenciales y antropológicos a todo
el proceso de investigación de los significados existenciales, que trasciendan los fundamentos dogmáticos de la sociología positivista.
La complejidad como opción ontológica y
fundamento de alternativas epistémicas integrales
El método de investigación es una opción epistemológica, que se hace desde un fundamento ontológico; es decir,
desde una determinada concepción de la realidad, o del ser
en sí del universo.
Por tanto, el método
supone mucho más que la simple elección de “pasos”
que facilitan el estudio, requiere de un fundamento ontológico y de una opción
epistemológica, desde una realidad
física, biológica, espiritual que es compleja en sí misma.
Al respecto Morin (2006: 23),
utiliza el término
“estrategia” como el adecuado para
optar por una metodología:
“El método
es obra de un ser inteligente que ensaya estrategias para responder a las incertidumbres. En este
sentido, reducir el método
a programas es creer que existe una forma a priori para eliminar la incertidumbre”,
pero la incertidumbre, el desorden, el azar son elementos constitutivos de la realidad.
De hecho, la metodología sugiere
una ontología a la cual
responde. En este
sentido, la modernidad inaugurada por Descartes ha sido coherente: a la conciencia analítica, matemática y racional del sujeto, le correspondió una
realidad esencialmente concebida como pura extensión medible y cuantificable. La modernidad en sus propuestas positivistas, supone una concordancia continua entre conciencia y naturaleza, o si se prefiere, entre sujeto y objeto. ¿Por qué la conciencia era analítica y el método
matemático? Sencillamente porque
la realidad exterior era en sí misma “una
cosa extensa” cuya
esencia era la cantidad y la extensión, sus medidas y su peso. Moreno (2006: 226) describe
el pensamiento cartesiano: “Pero dado que la materia
es extensión, y además inerte, el movimiento del universo es pasivo, extrínseco al mismo, que carece de energía. De ahí un universo máquina. Están
fijadas las bases
para el mecanicismo y determinismo de la ciencia”. De hecho, desde
este paradigma, la realidad se adaptaba perfectamente a las leyes de la lógica racional
y al cálculo matemático; lo
que no entraba en este
esquema no era considerado objeto de la ciencia.
Sin embargo, se reconoce que
la relación coherente entre la conciencia propia de la epistemología de la
modernidad y de la concepción ontológica a la que responde, ha producido a través de sus logros
científicos, avances significativos y aún insospechados en todas las áreas de la tecnología y de las ciencias biológicas y físicas; al punto
de conformar elementos estructurales de la cultura concreta de la humanidad actual.
Efectivamente, sería
absurdo negar los avances de la humanidad en cuanto al conocimiento científico y de la correspondiente producción técnica y su desarrollo industrial. No quiero ser de los que reniegan del conocimiento científico de la modernidad, escribiendo sobre la “muerte
del sujeto” en mi computadora particular de última
generación comercial, disfrutando de un agradable “aire acondicionado”.
Sin embargo, se trata
de situar las cosas. Tal vez, la problemática consiste en las visiones miopes y reduccionistas del concepto de conocimiento científico desde el paradigma
de la modernidad, cuya lógica sostiene que solamente desde la conciencia analítica, matemática y racional,
se puede hablar
con propiedad del conocimiento científico;
y, por tanto,
todo objeto del conocimiento científico, tiene que ser reducido a las expresiones matemáticas. De modo, que, en el fondo, la única ciencia
sería la física
y su única expresión la matemática.
Ahora bien,
¿puede ser el hombre considerado un objeto de estudio de la ciencia
dentro de este
esquema positivista?, para algunos
sí, para otros
no. Y la diferencia entre
unos y otros,
es principalmente ontológica y, en consecuencia, epistemológica. Se aclara, esta disputa epistemológica, se abarca principalmente en el área de
las ciencias “humanistas”; es decir,
en el ámbito de las ciencias que estudian al hombre en sus dimensiones personales y sociales.
En efecto,
estos cuestionamientos epistémicos se han vivido
y se viven con mayor
intensidad principalmente en la psicología y en la sociología. Gevaert
(2005) advierte sobre
la posibilidad de la crisis
del absurdo existencial, del
hombre considerado como “algo” sumergido
en el entorno del comercio
y la tecnología, como nuevo modo cultural del “animal
racional”: “Un mundo dominado únicamente por la ciencia
y por la tecnología podría incluso
revelarse inhabitable, y esto no sólo desde
el punto de vista biológico, sino sobre todo
desde el punto
de vista cultural y espiritual” (p.12).
El método positivista se fundamenta en la ontología de la “cosa”. En
consecuencia, las ciencias
humanas consistirían en el estudio
de una de las cosas
que nacen se reproducen
y
mueren como todos
los seres vivos
del ecosistema planetario.
En este trabajo se propone una opción epistémica, desde una ontología no reducida a sus dimensiones matemáticas,
sino, que sea base en una realidad compuesta por un conjunto infinito de sistemas complejos, donde todas las
dimensiones tendrían que ser consideradas
como partes fundamentales de la realidad
universal y trascendental.
En efecto,
el ser entendido como complejidad, no puede ser
reducido a simple
objeto de estudio
desde la razón analítica fundada en un conocimiento científico exacto y expresado en resultados precisos
propios de la matemática, tal como lo afirma Hartmann
(2007: 8) al indicar el “ser”, del ente que se le escapa al positivismo:
“La exactitud de la ciencia
positiva tiene su raíz en lo matemático. Pero esto no constituye en cuanto tal las
relaciones cósmicas. Todo lo cuantitativamente determinado es cantidad de ‘algo’”.
Entonces, si la conciencia analítica de la modernidad, ya ha sido
cuestionada en el área de las ciencias
físicas, con mayor razón ha resultado
insuficiente para comprender satisfactoriamente el fenómeno
humano en todas sus
dimensiones.
En todo caso, desde
el paradigma de la complejidad, como opción ontológica, la realidad se concibe como
un conjunto de relaciones, que se complementan y se interfieren entre sus elementos, y no como
una suma atómica de
elementos que puedan
ser separados a voluntad de los investigadores. La problemática del
conocimiento científico es más
complicada, ya que
ningún elemento de la realidad consigue su plena
comprensión desde su individualidad, sino dentro
de un sistema de relaciones.
Ahora bien, desde
una concepción de la realidad entendida como complejidad en sí misma, resultan interesantes las ideas de Morin (1999),
en torno a su visión
acerca de un universo conformado por una red interminable y compleja de sistemas en constante relación, que supera ampliamente el modo epistémico analítico y atómico
que siempre se ha propuesto desde la modernidad:
Todos los objetos clave de la física,
de la biología, de la sociología, de la astronomía, átomos, moléculas,
células, organismos, sociedades, astros, galaxias constituyen sistemas. Fuera de los sistemas, no hay sino dispersión de partículas. Nuestro
mundo organizado es un archipiélago de sistemas en el océano
del desorden. Todo lo que era objeto
se convierte en sistema. Todo lo que era incluso unidad
elemental, se convierte en sistema (p.121).
En lo esencial,
el paradigma de la modernidad, desde su concepción analítica, pretende aislar a su objeto de
estudio y analizarlo como una mónada
independiente del entorno
y del mismo científico que realiza
el estudio y, de este modo, logra manipular
y conocer su objeto de estudio,
en función de la utilidad
y de la creación tecnológica; pero, no puede,
ni parece interesarle, la comprensión total y sistémica
del objeto de estudio. Menos,
parece interesarle las implicaciones antropológicas y sociales
del conocimiento en sus dimensiones de significados existenciales. De este modo,
desde el paradigma
de la modernidad, conocimiento y utilidad
coinciden.
Por otra parte, en el área
de las ciencias sociales, que trata
sobre el problema humano en sus dimensiones
personales y sociales, el conocimiento útil no parece
suficiente. La realidad
se presenta como parte de la
humanidad, y no como lo meramente manipulable y útil. Lo humano es trascendencia del ser cosa;
no todo lo humano
se puede expresar
en medidas matemáticas. De hecho, desde
una filosofía materialista, atea y nazi, Heidegger (2001: 29) distingue el ente (cosa)
del ser del
ente (existencia), para
resaltar lo propiamente humano, como distancia
del ente-cosa del entorno:
El ser del ente no es un ente. El ser exige
un modo particular de ser mostrado, que se distingue esencialmente del descubrimiento del ente. El primer paso
filosófico en la comprensión del
problema del ser consiste
en no determinar el ente
en cuanto ente
derivándolo de otro
ente, como si el ser tuviese
el carácter de un posible
ente.
Desde la episteme alternativa de la complejidad, el hombre
se concibe en constante relación natural con un ecosistema complejo en sí mismo. La complejidad antropológica. Y esta complejidad del ente no es una opción
epistémica; sino, un hecho ontológico. Así, pues, entendida la realidad
como compleja, como una red interminable
de sistemas, la relación
entre el sujeto
y la realidad no puede reducirse
a la tradicional relación de sujeto
versus objeto, cuya finalidad era
el conocimiento matemático propio de una realidad extraña y manipulable; sino, la
interacción del ser
humano con una realidad en eterna
relación, donde él está implicado
integralmente.
En el fondo, el conocimiento científico se hace un problema de sentido
de la existencia. El conocimiento de la realidad
implica la existencia del sujeto
y este conocimiento científico se integra
al saber como modo antropológico total y no divisible. Lo que se dice de la realidad,
se dice del hombre. Por tanto, la ciencia
va más allá de la pretendida “lectura objetiva” de la realidad, hacia la comprensión existencial y trascendental de la misma. Sin dudas, el conocimiento matemático de la realidad es necesario e importante, pero
no responde a todas las dimensiones inquietantes del conocimiento humano.
Entonces, el conocimiento positivista, racional y matemático tiene su cabida epistémica como parte de un sistema
integral de comprensión de la realidad física,
orgánica,
antropológica, social y trascendental, que le es propia al ser humano.
En este sentido, la investigación científica se torna compleja, especialmente en el ámbito de las ciencias sociales, y éste es precisamente el reto epistemológico del saber científico en todas sus
áreas, y con
mayor eficacia, en el ámbito de las ciencias antropológicas y sociales. Efectivamente, la cuestión epistémica debe responder a la siguiente pregunta: ¿cómo realizar una investigación científica en el área
de las ciencias sociales, más allá de las pretensiones objetivistas y matemáticas del paradigma de la modernidad?
Por otro lado, se debe tener
en cuenta que el hombre
y la sociedad están cambiando de paradigma existencial, en
un mundo que
se hace impersonal, en un mar de vacío
existencial, como lo advierte Barbera
(2012: 231) al referirse a la posibilidad de alienación desde
la internet:
¡Por favor, no tocar la puerta!
La soledad erótica
es el sueño de algunos
intelectuales y escritores del nuevo milenio, ya sean de izquierda o de derecha, del centro, del
este, del oeste,
nada de eso
importa en la soledad
de la habitación. ¡No toquen
la puerta! ¡No molestar! ¡Viva
el sexo virtual! La vida es un
viaje placentero al inconsciente personal
que se hace bajo la inspiración de la milagrosa Internet ¡Sexo!
¡Emociones! ¡Dinero! ¡Poder!, todo
lo que el hombre ha soñado a lo largo
de tantos siglos
se hace
realidad con tan sólo un “enter”.
De hecho, el modo de investigación positivista no logra niveles
satisfactorios de comprensión de los retos existenciales del ser humano
del nuevo milenio; lo humano trasciende las expresiones matemáticas y racionales. Ahora bien, antes de abordar en modo específico la opción metodológica y epistémica, cabe destacar que la realidad, entendida como mundo físico es complejidad relacional en sí misma, de modo que el objeto como individualidad es una manipulación epistemológica, que en el mejor de los casos “sirve”, es útil y promueve la supervivencia de los seres humanos en el planeta. Pero, la razón científica analítica, no permite la completa comprensión ni siquiera de la realidad física, menos del fenómeno humano y social. Además, la comprensión existencial de la realidad física y del sentido de la vida del ser personal y social, no es un problema que se aborde, ni siquiera como curiosidad, desde los
círculos científicos
propios del positivismo del paradigma matemático de la modernidad.
Así pues,
frente a una realidad física
compleja en sí misma, se propone la opción de una epistemología adecuada a dicha complejidad, que, aceptando los datos de las ciencias físicas, procure la comprensión humana y
existencial de la realidad integral
del universo, incorporando lo personal y la social
en la historia vital de la
cultura
y sus correspondientes significados existenciales.
Se trata
de desarrollar el modo de investigación que
permita acercarse al fenómeno social,
en búsqueda de comprender la maraña de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares en constante relación, que componen la trama social
en su cotidianidad. No sería suficiente con afirmar “científicamente” que
el 80% de los niños de los sectores marginales, tienen problemas de desnutrición, lo que incide
en los niveles de rendimiento escolar. El investigador tiene
que entender, comprender y sentir lo que es el hambre
de un niño y traducir
desde esa hambre
real las causas
reales del inadecuado rendimiento escolar.
Por tanto, la finalidad de las ciencias sociales va más allá de la manipulación del hombre y de la sociedad, se persigue la comprensión del problema humano
en sus dimensiones personales y sociales, entendiendo que se trata de realidades complejas insertas en un ecosistema planetario complejo en sí mismo. Por otra
parte, el conocimiento no se limita
a lo objetivo, sino a la comprensión existencial e integral
de todo conocimiento, de aquí la necesidad de trascender el conocimiento basado
en las “leyes” de las causas y efectos propias
de una episteme atomista y simplista
de la realidad, que pretende
el conocimiento de ideas “claras
y distintas” de un
mundo extraño y ajeno al hombre.
La episteme de la complejidad, incluye sujeto y realidad
en un mismo escenario, donde la conciencia se dirige hacia la comprensión de su propia existencia a través
del conocimiento comprensivo del hombre
y de la sociedad. Es
decir, las leyes
del mercado, el descubrimiento de una vacuna, el estudio
de una determinada cultura, la filosofía, la religión, la física,
la química, la astronomía, todas las áreas de la ciencia,
constituyen un único saber propio del ser humano,
que le implica y le orienta en su existir personal y social,
desde una trama
de relaciones extremadamente complejas, y que tienen que
ver con la generación, permanencia y valoración de significados existenciales presentes en las historias de vida de cada persona y cada comunidad
de la sociedad actual.
La historia de vida como propuesta
metodológica
De aquí la necesidad de una concepción epistémica cualitativa, que permita la interpretación de la trama
existencial
del ser humano desde su misma historia de vida personal y comunitaria.
En este contexto, la historia de vida como proceso alternativo de investigación, se presenta bajo el enfoque cualitativo, como modo opcional de abordar el problema del ser humano,
en cuanto ser en relación sistémica y compleja con
los demás, y que vive
en una situación comunitaria concreta, dentro de un espacio y tiempo
determinado, en una
situación de vivencia y generación de significados existenciales propios de su identidad
cultural; y vivida en modo personal. Es decir,
la vida es un hecho
cotidiano y complejo.
La existencia del hombre y de la comunidad es un hecho real y extraordinariamente complejo.
La vida humana personal y comunitaria es practicidad vital
y no un “dato” a la mano del interés
de los investigadores. La existencia no se subordina a los intereses científicos y académicos de los investigadores; menos, se puede pretender que los significados existenciales pueden ser
objetos medibles expresados en términos matemáticos. Ahora
bien, en el proceso de investigación, desde
el aspecto formal,
la historia de vida es una descripción producto de una entrevista. Sin embargo, no se trata
de una elaboración literaria de la realidad
social, en función de la belleza
del lenguaje. La historia de vida, aplicada
como alternativa metodológica, que se realiza dentro del área de la investigación social, no es meramente un arte creativo dependiente de la genialidad literaria de un sujeto
solitario, que pretende ser auténtico y “libre pensador”. La historia de vida es un modo
científico y cualitativo que pretende la comprensión de los significados existenciales que se desarrollan y son
vividos
por personas reales, en comunidades reales.
En lo esencial, el estudio desde
la historia de vida requiere
de la interrelación existencial entre
dos personas reales y presentes durante
la narración de la misma.
Si la relación del investigador se establece con
un ser imaginario, o no presente
en el acto mismo de la narración, el resultado sería
extremadamente subjetivo,
producto solamente de la creatividad del investigador, y tal vez la creación
se convierta en un mundo de
ilusiones e historias bellas,
pero ajenas a la realidad
cotidiana, ya que
la caracterización del ausente, ya sea una persona, comunidad, o todo
un pueblo, o quizás un área social,
dependería de la voluntad de quien realice
el estudio de la historia
de vida, o de cualquier otro estudio etnográfico.
En ambos
casos, el investigador, a lo sumo,
lograría el análisis de una biografía del narrador,
que sería “el dato” con el cual elaboraría sus conclusiones; y este hecho es la debilidad concreta
de la metodología de la historia
de vida y, en consecuencia, lo cualitativo sería
reducido a un modo distinto de cartesianismo: el investigador es el sujeto,
la conciencia, el que piensa
y la historia de vida
del otro se transformaría en narración
biográfica, lo cual sería
el objeto, lo otro, lo pensado. Entonces, el nivel de comprensión existencial señala lo cualitativo de la aplicación de la historia
de vida como
método de investigación social.
En efecto,
el nivel real
de la relación de compromiso existencial entre el investigador y el narrador
de la historia de vida, establece la posibilidad de la comprensión como resultado de la relación entre los dos.
De hecho, en el proceso del
desarrollo de la historia de vida, entre
un narrador y un investigador interlocutor, se da posibilidad de una investigación alternativa, desde una visión
hermenéutica. Precisamente, es el “entre”
lo que permite que se desarrolle la comprensión de lo social
en la historia de vida
en sí misma.
Así, la actitud hermenéutica para el estudio
de las historias de vida, requiere
de un investigador y de un
narrador, sumergidos en el mismo mundo cultural de significados existenciales, intraducibles desde una concepción lógica-matemática de las ciencias sociales. El estudio de la historia de vida se da en un mundo cultural concreto y vital,
cargado de significados existenciales y complejos que suelen escapar
al simple análisis lógico, cuantitativo y objetivo
del hecho social.
En este sentido,
González (2004) con respecto al contenido de la Historia de Vida, manifiesta la complejidad antropológica de los significados existenciales, como rieles
por donde
gira la vida misma:
Algunos aspectos narrados son conscientes, pero
otros no. Sobre
los significados que hay en cada historia, la
persona que narra
no tiene control. Los significados habitan
en la persona, son significados comunes a su grupo humano,
y dirigen su modo de pensar,
de hacer y de sentir
(p. 81).
De
hecho, si se opta por el proceso de narración
y de estudio de la historia de vida, se hace necesario que el investigador pertenezca al mismo universo
cultural desde donde surge la vida narrada,
esta es una condición
existencial, es la única
posibilidad que permite
la comprensión hermenéutica, o como lo expresa Moreno (2004:
15) desde la experiencia en la aplicación de las historia de vida como método
hermenéutico: “Si el conocedor
está ubicado en un horizonte
hermenéutico radicalmente distinto de aquel
en el que tiene su existencia la historia, lo
conocido será un artificio, una ficción
técnica de quien
la elabora”. Y este es, precisamente, el primer
reto del proceso de investigación a través
de las historias de vida.
Efectivamente, en esta propuesta de estrategia y de proceso
de investigación a través de las historias de vida, el investigador es necesariamente coautor de la experiencia existencial que se estudia, no es simplemente
un
testigo, tampoco es un personaje de la historia, es ante todo,
fuente de interpretación hermenéutica de
significados existenciales. Y para que esto sea posible, el investigador debe
pertenecer al mundo
de vida de la
historia de la cual es coautor.
De no pertenecer al mismo mundo de significados existenciales, lo que se consigue, en el mejor de los casos, es un estudio
fenomenológico y descriptivo de una situación o vivencias sociales, que luego son
utilizadas como fuentes que permiten establecer caracterizaciones de personajes que pertenecen a una realidad no comprendida existencialmente, sino,
descripta tal como se presenta
en la realidad, tratando de ser claros
y precisos; y en esa, claridad y precisión se colocan los criterios de exactitud científica de la investigación. No es sencillo trascender el paradigma de la modernidad.
No se trata, por tanto, de ser un profesional de la “empatía” a través de cursos y experiencias de inserción
en lo popular; sino,
de pertenecer al mundo de lo popular, si es que se pretende estudiar la cultura
particular de ese sector social, enfocados desde la historia
de vida de una persona
de esa comunidad, ya que los significados existenciales pertenecen a un sector cultural particular, y solamente desde
ahí cobran su verdadero significado. Sin duda, la hermenéutica social
se da desde la vida
concreta y cotidiana.
Por tanto, en este
contexto hermenéutico, la historia de vida no es, pues,
solamente un recurso
para la investigación, o una técnica
que se aplica,
o un método que se sigue. La historia de vida es la investigación en sí, es la fuente
del saber que
se persigue interpretar y comprender.
En definitiva, la historia de vida como
método de investigación exige como condición, que el investigador pertenezca al mundo de significados culturales y existenciales de la comunidad
que se estudia, de modo que se haga
posible la comprensión hermenéutica de los significados existenciales, trascendiendo el nivel
literario, que puede ser imaginado y trascendiendo la descripción meramente fenomenológica, que sería
un modo distinto de objetividad racional
del paradigma de la modernidad.
Reseñas
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