EL PENSAMIENTO COMPLEJO Y EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD
EL PENSAMIENTO COMPLEJO
Y EL PARADIGMA DE LA MODERNIDAD
(MÁS ALLÁ DEL
MATERIALISMO DE EDGAR MORIN)
Autor: Prof.
Gerardo Barbera[1]
RESUMEN
El
estudio de las obras de Edgar Morin es un proceso de investigación que implica
abarcar áreas como la ontología, antropología, sociología, ética y educación,
como un sistema único y complejo de alternativas filosóficas, con implicaciones
epistémicas, antropológicas, sociales y educativas. Morin plantea un
saber centrado en la complejidad ontológica y epistémica, como estructura
sistémica de la conciencia del sujeto, comprendido en unidad con todos
los seres vivos del ecosistema planetario, y en unidad onto-cósmica con el
universo. Sin embargo, no obstante a presentar la Complejidad como
alternativa al paradigma positivista, el problema del Ser Trascendente en su
relación con el hombre, no ocupa lugar alguno en las propuestas de Morin, como
dimensión esencial antropológica del Pensamiento Complejo, lo cual
ha motivado a proponer la posibilidad de complementar lo inmanente de las
alternativas morianas, desde una antropología trascendente abierta a la
esperanza espiritual que se postula como sentido de la existencia.
Palabras Clave: Pensamiento Complejo; Paradigma Positivista;
Materialismo; Trascendencia.
THE COMPLEX THINKING AND THE PARADIGM OF MODERNITY
(BEYOND
THE MATERIALISM OF EDGAR MORIN)
SUMMARY
The study of the works of Edgar Morin is a research
process that involves covering areas such as ontology, anthropology, sociology,
ethics and education, as a unique and complex system of philosophical
alternatives, with epistemic, anthropological, social and educational
implications. Morin proposes a knowledge centered on ontological and epistemic
complexity, as a systemic structure of the subject's consciousness, understood
in unity with all living beings in the planetary ecosystem, and in an on-cosmic
unity with the universe. However, despite presenting Complexity as an
alternative to the positivist paradigm, the problem of the Transcendent Being
in its relationship with man does not occupy any place in Morin's proposals, as
an essential anthropological dimension of Complex Thought, which has motivated
propose the possibility of complementing the immanent of the morian
alternatives, from an open transcendent anthropology to the spiritual hope that
is posited as the meaning of existence.
Palabras Clave: Complex
Thought; Positivist paradigm; Materialism; Transcendence.
La insuficiencia epistémica del
Positivismo
Estudiar las obras de Edgar Morin
deja huellas en la propia episteme de vida de quienes se acercan a las
propuestas del Pensamiento Complejo. De hecho, la visión epistémica del
paradigma científico de la Modernidad dejar de ser la misma, y la simplicidad
ontológica del positivismo que se pretende imponer en el área de las
investigaciones sociológicas, psicológicas y filosóficas se cuestiona de modo
radical desde el Pensamiento Complejo.
Desde las alternativas presentes en
el Pensamiento Complejo, se logra comprender un modo de investigar más acorde
con la problemática de la existencia personal, sin quedar atrapado entre los
límites de en un método analítico y castrante del paradigma positivista. El
método experimental se entiende como lo que es: una herramienta, y no “La Herramienta”
Por un lado, en cuanto al
contenido académico, las nuevas posturas desde el Pensamiento Complejo invitan
a cuestionar, desde lo epistemológico, los fundamentos de la lógica racional
positivista en su pretensión de imponerse como único lenguaje académico; y, en
consecuencia, se cuestionan aquellos diseños de investigación en el área
humanista que no van más allá de los repetidos “pasos experimentales”:
Planteamiento del Problema. Objetivos, Marco Teórico, Marco Metodológico,
Aplicación de Técnicas de Recolección de Datos, Cuadro Estadísticos, Análisis
de los Resultados, Conclusiones y Recomendaciones.
Además, cabe señalar, que desde el
Pensamiento Complejo, se cuestionan las propuestas del estructuralismo
social, en cuanto pretenden ser el modo casi único de explicación del
desarrollo histórico de la humanidad; una sociedad entendida como una gran
maquinaria, donde cada ser humano solamente cumpliría una función impersonal, y
la opción antropológica se reduciría al rol social, tal como lo señala
Blanquart (2011) al referirse a la ausencia de lo verdaderamente humano de la
teoría estructuralista: “Aquí el hombre no es más que un lugar de paso de las
fuerzas de un mecanismo a escala de una ciudad o de mundo” ( p. 451)
Desde las alternativas del Pensamiento
Complejo toda propuesta ontológica, epistémica y antropológica; y sobre todo,
educativa, propias del paradigma de la Modernidad, entran en crisis epistémica
en su pretensión de convertirse en el único lenguaje científico-académico
posible.
Morin (2003), en una
de obras centrales, Introducción al pensamiento complejo, de modo
realmente humilde, se propone a sí mismo como un iniciador, de lo que tal vez,
llegue a ser con el tiempo, un paradigma epistémico: “el Paradigma de la
Complejidad”, que se convierta en una verdadera alternativa al dogmatismo
epistémico del llamado Paradigma de la Modernidad, que sin duda, es realmente
el modo cultural actual del saber en el ámbito académico y científico:
El
paradigma de simplificación (disyunción y reducción) domina a nuestra cultura
hoy, y es hoy que comienza la reacción contra su empresa. Pero no podemos, yo
no puedo, yo no pretendo, sacar de mi bolsillo un paradigma de la complejidad.
Un paradigma, si bien tiene que ser formulado por alguien, por Descartes por
ejemplo, es en el fondo, el producto de todo un desarrollo cultural, histórico,
civilizacional. El paradigma de la complejidad provendrá del conjunto de nuevos
conceptos, renuevas visiones, de nuevos descubrimientos y de nuevas reflexiones
que van a conectarse y a reunirse (p.110)
Desde la complejidad se puede
hablar de la aventura del saber humano, de caminar por lo desconocido, de
sorpresas, de irracionalidades, de acercamientos, de ciertas sombras, de
procesos de investigación, la pasión de los seres humanos se impone de
modo complementario a la fría razón de individuos centrados en un yo-conciencia
apartado del mundo-cosa. Se trata del libre juego de la libertad humana,
resistiendo a los obstáculos impuestos por las reglas de la racionalidad lógica
del positivismo.
Frente a este reduccionismo
epistémico del positivismo, comienza el surgimiento de un Pensamiento Complejo,
que se revela a los dogmatismos impuestos desde el paradigma de la Modernidad
desde las llamadas ciencias exactas, que se levantan como modelos epistémicos
desde lo analítico y aislable, a todo conocimiento, tal como lo expresa
Morin (1995) en su autobiografía Mis Demonios:
Mi
singularidad estriba en haber querido vincular lo diverso, y haber levantado mi
obra sobre este principio. Todo lo que he hecho a supuesto siempre la
asimilación y la reunión de lo que estaba desencajado, informaciones e ideas
compartimentadas. Mi sentido de las verdades contrarias y mi rechazo de las
verdades aisladas suscitaron los principios de un pensamiento complejo, es
decir de un pensamiento que relaciona lo que, de orígenes diversos y múltiples,
forma un tejido único e inseparable: complexus. (p.273)
La síntesis entre
lo racional y lo pasional, como modo de acercarse a los textos de Morin, se
hace hilo hermenéutico de interpretación y comprensión de un pensamiento
no encerrado entre los límites impuestos por un sistema lógico-positivista. Se
propone un sistema de teorías complejas, en el sentido de totalidad donde
se conjugan lo intelectual, lo pasional y la vida misma del autor; o como lo
expresa Sánchez (2010) al referirse a la naturaleza compleja de lo epistémico y
ontológico del proceso de investigación:
Asumir este paradigma en sus dimensiones teórica, epistemológica
y ontológica, implica que la naturaleza ontológica del hecho de estudio es
indeterminada, incierta y contradictoria surge la dialógica entre lo simple y
lo complejo, la unicidad y la diversidad, lo uno y lo múltiple de la docencia
contenida en la investigación. (p.104)
Así, pues, se recomienda que la obra de Morin ha de ser estudiada, no sólo en
términos de su contenido; sino, del proceso productor, que incluye la historia
de vida de alguien que ha transitado por vivencias del horror de la Segunda
Guerra; y que ha vislumbrado la posibilidad de superar el horror de las
guerras, hacia nuevas posibilidades de aprendizajes en función de la
sobrevivencia de la especie humana.
La experiencia de vida real de
Morin, le lleva a la necesidad de aprender de las cenizas de la muerte,
de superar el odio, los conflictos, las irracionalidades, a través de la
educación ecológica y del encuentro entre seres humanos que habitan el mismo
planeta. Sin embargo, desde las opciones trascendentales y espirituales
de miles de millones de habitantes de este planeta, también es irracional
imponer, al estilo de Morin, el materialismo radical como modo antropológico, y
disimular la actitud antirreligiosa bajo el supuesto de que la religión no es
un tema científico digno de los ámbitos académicos.
El Pensamiento Complejo cobra
su verdadero sentido en sus propuestas educativas hacia nuevos horizontes de
paz y armonía, pero, con la alternativa de una trascendencia espiritual, que
sigue ausente en Morin (2003), quien insiste en proponer una antropología donde
el hombre tendría que reintegrarse a lo animal como su verdadera realidad
ontológica:
La
ciencia del hombre no tiene fundamento alguno que enraíce al fenómeno humano en
el universo natural, ni método apto para aprehender la extrema complejidad que
lo distingue de todo otro fenómeno natural conocido. Su estructura explicativa
es aún la física del siglo XIX, y su ideología implícita es siempre el
Cristianismo y el Humanismo occidentales. La sobre-naturalidad del Hombre: *
Que se entienda desde ahora mi camino: es un movimiento sobre dos frentes,
aparentemente divergentes, antagonistas, pero inseparables ante mis ojos;
ciertamente, de reintegrar al hombre entre los otros seres naturales para
distinguirlos, pero no para reducirlo (p. 39)
Sin embargo, en Morin, la
producción teórica y académica es un proceso que, en su devenir histórico,
marca un camino cognitivo desde el Pensamiento Complejo, con la finalidad de
trascender el paradigma de la simplificación analítica del positivismo, tal
como lo expresa Morin (1999) resaltando la necesidad de adecuación y asociación
epistémica, antropológica, social, educativas y ontológica del saber
humano: “Existe una falta de adecuación cada vez más amplia, profunda y grave
entre nuestros saberes disociados, parcelados, compartimentados entre
disciplinas y, por otra parte, realidades o problemas cada vez más
pluridisciplinarios, transversales, multidimensionales, transnacionales,
globales, planetarios”. (p. 23)
No se puede obviar que la historia
propia del pensamiento y de la Cultura Occidental se ha basado casi
exclusivamente en la epistemología racional, que responde desde la lógica a un
paradigma de la simplificación. Ha sido un modo de conocer que se ha impuesto
desde Parménides, Platón, Aristóteles y conforma los sustentos teóricos
de la Ciencia Clásica positivista y afecta otras áreas del saber humano: la
Filosofía, la Ética, la Política y la Educación, la Psicología y la Sociología.
Al respecto Barbera
(2001) señala la relación de la Cultura Occidental con la filosofía de la
Antigua Grecia:
La
Filosofía Occidental tiene su origen y sus raíces fundamentales en la Antigua
Grecia, considerada como la cuna de nuestra cultura en general, y de manera
especial, del eje ontológico, metafísico, antropológico y de la Ética. Sin
embargo, el elemento básico de la filosofía griega, desde el cual se interpreta
todo el sistema filosófico fue su concepción antropológica, centrada en la
racionalidad como lo esencial de la naturaleza humana (p. 9)
La pretensión del paradigma
racional ha sido el de idealizar, racionalizar, normalizar; en una especie de
afán de reducir lo dado en la realidad a esencias conceptuales, encasillando al
ser del ente en sí, entre las paredes de la conciencia subjetiva, perfilando la
identidad entre Pensamiento y Ser, en una visión fragmentada de la realidad,
compuestas de elementos o eslabones, comprensibles en sí mismos,
sin relación a los otros elementos.
La tarea del conocer desde la
racionalidad simplificadora, consistía en aislar cada elemento en su
individualidad, sacarlo de su entorno, tenerlo ahí a la mano, para ser
analizado como un ente particular. Es decir, concebir la realidad como esquemas
o conceptos ordenados, dándoles un sentido lógico y definitivo que cuadre con
la naturaleza lógica del pensamiento.
Por tanto, la búsqueda de la razón
lógica como fundamento ontológico, ha sido el afán que impulsó los primeros
esfuerzos del naciente paradigma de la racionalidad, que se fundamentó en una
antropología del “animal racional”; y en una tarea filosófica basada en
esencias abstractas correspondientes a un mundo entendido como el
conjunto de infinitos elementos o eslabones a los que habría que aislar para su
adecuado conocimiento.
Dentro de este contexto,
Condillac (2010) defenderá el proceso analítico al referirse al modo de conocer
lo dado en la realidad: “El análisis es el único método para adquirir
conocimientos como lo aprendemos de la misma naturaleza” (p. 28)
En este sentido, Fraile.
G (1990) en su Historia de la Filosofía I, presenta un comentario acerca
de esta búsqueda; que ya en los primeros presocráticos, llamados
“Naturalistas”, se convirtió en la tarea filosófica por excelencia, la
naturaleza era el desde donde encontrar sentido lógico racional a todo lo
existente, a todo el saber en su totalidad:
Las especulaciones de los primeros filósofos griegos se
inician en torno al hecho de la mutación. Les impresionan los cambios cíclicos
de las cosas, la regularidad de los movimientos celestiales, el orden y la
belleza del Cosmos, los fenómenos atmosféricos, la generación y corrupción de
los seres. Pero en contra de lo que hubiera podido esperarse en la aurora misma
de la Filosofía, su actitud no es de realismo ingenuo y directo, más que las
cosas particulares les preocupa la Naturaleza. No se preguntan simplemente qué
son las cosas, sino que tratan de penetrar más adelante, inquiriendo de qué
están hechas, cómo se hacen y cuál es el primer principio de donde todas
provienen. Esto equivale a contraponer el ser al aparecer, las esencias a los
fenómenos, lo cual les lleva a preguntarse si por debajo de las apariencias
sensibles existe alguna realidad estable, algún principio, permanente a través
de las mutaciones incesantes de las cosas” (p. 138)
El paradigma positivista de la
Modernidad se apoya en conceptos que suponen la existencia real de sustancia
universales presentes en los objetos particulares, que están más allá de los
fenómenos, más allá de las apariencias. Según el racionalismo lógico,
detrás del caos existe el orden, a semejanza de las realidades lógicas
del pensamiento humano. De modo, que al estilo aristotélico, aun no superado en
el positivismo racional del paradigma de la Modernidad, lo universal, en cuanto
soporte ontológico, se encuentra presente en cada objeto; y, por tanto, puede
ser descrito y descubierto por la subjetividad humana.
De hecho, el ideal epistemológico
del positivismo lógico, se caracteriza por suponerse no afectado por las
vicisitudes de la subjetividad. Así, las esencias abstractas serían
atemporales, eternas, invariables, iguales siempre a sí mismas. Dentro de este
contexto, la conciencia sería observadora neutral de la realidad externa, la
cual estaría compuesta por sustancias simples e individuales. En consecuencia,
el saber consistiría en la elaboración de un sistema lógico de conceptos
abstractos, sin importar su relación con lo vivido en lo personal, comunitario
o social.
Se elabora un conocimiento
científico de contenidos abstractos y no de relaciones; se describe
generalmente lo referente al ente en sí reflejado en la subjetividad como
abstracción universal. Referente a este tema, Sánchez (2010) refuerza la
necesidad de centrarse en lo humano como razón de ser del saber humano en
su totalidad:
De allí que propone que un currículo humanista que responda a
los resultados afectivos más que a los cognitivos, se conciba al salón de clase
como centro clave para construir a partir del entorno social como contenido,
donde las voces de los estudiantes sean para diagnosticar y avalar modelos de
criticismo, lo relevante no es lo que uno sea sino lo que crea, para que haya
tolerancia en ambiente democrático de socialización del conocimiento, para problematizar
los contenidos preestablecidos y generar conocimiento escolar cada vez más
humanos. (p. 85)
Desde el paradigma de la
Modernidad, el conocimiento de estas sustancias abstractas sería positivo,
simple y objetivo; lo que se traduce, en un conocimiento científico universal,
objetivo y analítico; y en un proceso educativo, todos los alumnos aprenderían
los mismos contenidos conceptuales, ya sean matemáticos, físicos, biológicos,
comunitarios, humanitarios. Se hace pertinente la advertencia de Morin (2003)
sobre la necesidad de trascender lo simplificador del positivismo hacia un
Pensamiento Complejo:
Pero si los modos simplificadores del conocimiento mutilan,
más que lo que expresan, aquellas realidades o fenómenos de los que intentan
dar cuenta, si se hace evidente que producen más ceguera que elucidación, surge
entonces un problema: ¿cómo encarar la complejidad de un modo
no-simplificador? (p. 21)
Desde el Pensamiento Complejo
propuesto por Morin, se cuestiona la episteme clásica de orden universal,
propio de la Modernidad, y se erosiona la idea de objeto sustancial y de
esencia universales de la filosofía positivista, desde la cual ha
fundamentado la razón lógica-positivista su mundo de verdades universales,
absolutas y eternas. El Pensamiento Complejo, por el contrario, es un proceso
que plantea nuevas alternativas ontológicas, antropológicas, educativas y
sociales, distintas al positivismo clásico.
El Pensamiento Complejo
como alternativa
Con las alternativas epistémicas de
la Complejidad, Morin inicia una nueva comprensión de lo ecológico, como
propuesta educativa del nuevo milenio de paz mundial. Desde el Pensamiento
Complejo se sostiene, que el mundo no es solamente lo que se consume para
sobrevivir como animales salvajes, donde el más apto lograría la permanencia;
por el contrario, se busca una educación desde el compartir; y no aceptar la
imposición de una educación para éxito personal como fundamento educativo
único, que la cultura consumista propone como finalidad misma de la vida;
y, como razón del sistema educativo. Desde la cultura del éxito, el otro se
concibe como la competencia a vencer; en el fondo, se insiste en la
antropología de la violencia a través de una educación en función del logro.
Desde la cultura del éxito, lo que
valdría sería la medalla de oro, el triunfo, la victoria; entonces, desde la
educación para el éxito individualista o eres el ganador, o eres el perdedor.
Pero, desde el Pensamiento Complejo, el mundo es el hogar de todos, como lo
advierte Morin (2002) en su llamado sobre la necesidad de asumir, desde la
política, el problema de la muerte, que se hace real y palpable en el
sufrimiento cotidiano de los más débiles y en la amenaza de la aniquilación
total de la raza humana:
Al
convertirse en mundial, la política no sólo se ha ampliado a horizontes
planetarios: se ha dejado invadir por los problemas primeros, fundamentales, de
la vida y la muerte de la especie humana. La irrupción del Tercer Mundo en la
escena mundial ha hecho que el hambre, los alimentos, la salud o la natalidad
surjan como problemas clave de la política mundial. En el otro extremo de la
política mundial, en el polo del desarrollo técnico, el armamento termonuclear
plantea el problema de la vida o la muerte de la especie, y esta alternativa de
vida o muerte plantea al modo político el hasta ahora problema filosófico del
hombre. (p. 17)
Desde la perspectiva del
conocimiento y sus fundamentos epistémicos, el Pensamiento Complejo se propone
como alternativa de comprensión de una realidad que lleva en su seno confusión,
incertidumbre, desorden. La realidad en sí misma es un sistema de relaciones
complejas. Por tanto, la complejidad ontológica no puede ser reducida a una
idea simple: “sistema”. Según Morin, lo complejo no puede resumirse a nivel de
comprensión epistémica en el término “complejidad”, o ser interpretada
objetivamente mediante alguna “ley de la complejidad”. La complejidad no sería
definible de un modo simple para tomar el puesto de la simplicidad sustancial
del positivismo lógico. La complejidad en cuanto paradigma epistémico
demanda la necesidad de una metodología alterna, que acerque a la complejidad
ontológica de lo real, que no obvie el misterio de la realidad y del sentido
de la existencia personal y social.
La ciencia y todo el saber humano
se hace vida y no contenidos abstractos; o si se prefiere, todos los contenidos
abstractos aprendidos cobran verdadero sentido desde la complejidad de la
realidad y de la vida humana trascendente. La existencia en su complejidad se
convierte en retos de compromisos morales y éticos donde el compartir con la
comunidad, la sociedad y el bienestar del planeta Tierra se hace un modo de
vida de convivencia y de conciencia humana, que deberían estar presentes en
todos los diseños curriculares para iniciar el camino de paz y hermandad entre
todos los pueblos de la Tierra.
Desde paradigma de la ontología
mecanicista de la Modernidad, que entendería la realidad social como si se
tratase de una colonia de hormigas, cada individuo se reduciría a la función, y
la personalidad existencial desaparecería en una realidad totalitaria e
impersonal, la meta sería la producción de bienes de consumo a través de las
industrias, empresas, mercado y de la tecnología, tal como lo expresa Morin
(2003) en su artículo ¿Sociedad mundo, o imperio mundo?,
desde las propuestas para una nueva Era Planetaria, desde una educación
ecológica para la paz :
La
idea de desarrollo ha llevado consigo siempre una base tecno-económica,
mensurable por los indicadores de crecimiento y los de renta. Supone de manera
implícita que el desarrollo tecno-económico es la locomotora que tira adelante,
naturalmente, de un “desarrollo humano” cuyo modelo acabado y exitosos es el
delos países llamados desarrollados, es decir, occidentales. Esta visión supone
que el estado actual de las sociedades occidentales constituye la meta y
finalidad de la historia humana. (p 21)
Morin se muestra partidario de un
concepto complejo de educación, de persona y de sociedad, que visualiza la
heterogeneidad como característica de lo humano, lo educativo, lo social,
lo económico, la tecnología, la empresa, la industria y de la política; pero
sin fe religiosa, sin esperanzas espirituales, lo que indica que se tiene que
trascender el Pensamiento Complejo propuesto por Morin hacia un modo de
Pensamiento Complejo Trascendental; y no materialista y nihilista.
La sociedad comprendida desde el
Pensamiento Complejo no puede ser reducida a uno de sus rasgos dominantes, ya
sea el económico, el cultural, la violencia, la paz, el político, todos los
elementos pertenecen de igual modo al hombre y a la sociedad. Desde la
complejidad, la sociedad no se entiende sólo como capitalista o liberal,
industrial o consumista. Éstas serían definiciones unidimensionales, que
responderían a intereses de grupos dominantes, y no a lo que realmente sería en
sí misma: la complejidad humana y social.
Desde el Pensamiento Complejo se
comprende la realidad social como el hogar comunitario donde se
desarrolla la historia de vida de las personas de un mismo hogar
planetario; se procura educar al ser humano como habitantes desde una
conciencia ecológica y de hermandad.
Mientras más compleja es una
sociedad, mientras más antagonismos, desórdenes y conflictos la conformen en su
historia, entonces, mayor deben ser sus relaciones comunitarias de
fraternidad, libertad y crecimiento; mayor debe ser el énfasis en un proceso
educativo que hermane, que una, que lleve al compromiso, al encuentro; por lo
menos en cuanto a ideales y horizontes éticos de compromisos personales y
sociales centrados en lo que Morin (2003) llama lo irreductible del individuo
ante el peligro de los totalitarismos sociales:
El
individuo es irreductible. Cualquier tentativa de disolverlos en la especie y
en la sociedad es aberrante. Es el individuo humano, repitámoslo, el que
dispone de cualidades de la mente; dispone incluso de una superioridad
sobre la especie y sobre la sociedad porque sólo él dispone de la consciencia y
de la plenitud de la subjetividad. La posibilidad de autonomía individual se
actualiza en la emergencia histórica del individualismo, al tiempo que sigue
siendo inseparable del destino social histórico. (p. 78)
Sin embargo, Morin sigue las
huellas teóricas-filosóficas del materialismo dialéctico del marxismo en su
visión ontológica y antropológica. En lo referente al problema del hombre, ya
en su obra , El Paradigma perdido (1973), Morin señalaba que,
al intentar constituir el campo de estudio antropológico, son indispensables
analizar las interacciones, interferencias y actividad del ser humano de
la actual sociedad, en por lo menos cuatro dimensiones sistémicas y
complementarias, a la vez que competitivos y antagónicos: (1) el sistema genético
(código genético, genotipo), (2) el cerebro, (3) el sistema sociocultural y (4)
el ecosistema, en su carácter local de hogar ecológico, y en su carácter global
de medio ambiente.
Todas estas dimensiones son de un
sujeto radicalmente biológico, cuyo aporte cultural sería como la energía
lumínica que produce una lámpara; simplemente, para Morin, no hay ninguna
posibilidad de un Yo espiritual que trascienda la muerte biológica del sujeto.
La pérdida del valor del ser humano como persona siempre es una tentación
propia del marxismo y de las opciones materialistas, y de la misma antropología
biológica-cultural de Morin, todo es materia, ya sea física o biológica, tal
como lo advierte Gevaert (2014) al referirse a la antropología marxista, que en
el caso de Morin, siempre está subyacente cuando se refiere a la relación
hombre-humanidad:
Para Marx el individuo no es más que un eslabón de la
colectividad. La persona pierde valor y significado porque depende totalmente
de la colectividad, esto es, del partido que se presenta como encarnación y
expresión de la colectividad. El individuo, en línea de principio, puede ser
sacrificado a las exigencias del colectivo; hay ciertas exigencias totalitarias
frente a las cuales el respeto a una persona no es más que un sentimiento burgués
(p. 40)
En el Pensamiento Complejo
propuesto por Morin (2002), lo central no es la persona, lo individual, sino,
la supervivencia de la humanidad, iniciando desde lo físico, lo biológico hacia
lo cultural, la persona no existe; sino, que está, ahí arrojado sin
personalidad, como un sistema tan físico como el sol, así lo afirma, cuando
reduce a lo físico todo cuanto existe:
Mi
insistencia en inscribir físicamente el concepto de máquina no tiende en
absoluto, el lector debe comenzar a saberlo, a reducir lo que es biológico a lo
físico: tiende por el contrario a rehabilitar el concepto degradado de físico;
tiende a comprender cómo lo que es biológico, humano y social puede y debe ser
al mismo tiempo necesariamente físico. Y esto no solamente porque todo lo que
es biológico, humano y social está constituido por materia física. Sino sobre
todo porque todo lo que es biológico, humano y social es organización activa,
es decir, máquina. (p. 202)
Ahora bien, no resulta nada claro desaparecer y tranquilizarse existencialmente
racionalizando la muerte: “somos parte de una realidad física y biológica, y
tenemos que morir como cualquier célula, o desaparecer como una molécula que se
desvanece”. El problema de la muerte como trama existencial, perturba el sentido
mismo de la vida; y no es tan sencillo, no desaparece en cuanto trama
existencial. No es común y fácilmente aceptable que la persona se conciba a sí
misma como una molécula del universo, o como una célula de la humanidad. Este
modelo antropológico de Morin no resulta tan convincente desde las perspectivas
de la existencia personal, problema que Barbera (2001) enfoca desde la
trascendencia del hecho físico de la muerte:
El
problema del hombre en particular es el mismo de la humanidad en general. Es
decir, si la vida de un hombre no tiene sentido; entonces, la historia de la
humanidad no tiene sentido. El problema es el mismo: la muerte como único dato
ontológico inevitable, como el mensaje más terrible que nos llega desde el
exterior, como dato que la racionalidad no logra convertir satisfactoriamente
en acontecimiento común en lo personal. La muerte se convierte en el rompe
sentido. La tarea humana está planteada: la superación de la muerte. El camino
es a través de la esperanza, un camino entre la angustia y la libertad. (p.
179)
Lo sistémico en lo
físico, biológico y antropológico, permite y hace necesaria la
complejidad del pensamiento; y en consecuencia, las alternativas educativas
parten desde la posibilidad del Pensamiento Complejo, en este aspecto se
comparte el ideal de Morin, pero se insiste en la insuficiencia y se propone la
visión de una antropología trascendental, que permita la posibilidad de un
Pensamiento Complejo Trascendental realmente humano desde la vivencia de lo
espiritual, Barbera (2006) en su texto Reflexiones elementales en torno a la
ética, plantea el conocimiento como saber humano e integral:
Solamente
desde una ontología y una metafísica como fundamento del saber, tiene
coherencia la epistemología, la antropología filosófica, la ética, la lógica,
la filosofía de la educación, y cualquier área del conocimiento filosófico; y,
en consecuencia, cualquier conocimiento alcanzado por el ser humano, ya sea
filosofía, ciencia, o religión; todo el saber humano se fundamenta en una
ontología y en una metafísica determinada, que plantea una forma de vida
específica, ya sea explícita o implícita, sea consciente o no la persona de la
metafísica y de la ontología con la que fundamenta sus opciones epistemológicas
y existenciales. (p. 10)
Este modo antropológico
alternativo basado en la episteme de la complejidad, exige la capacidad de
aprender desde lo existencial, ya que la educación sin lo humano, se convierte
en un proceso de consumo de información analítica o sistémica, tal como lo
señala Barbera (1987) al indicar que en los procesos masivos de educación
impersonal, se corre el riesgo de desnaturalizar lo humano del proceso de
aprendizaje:
Cuando
la institución escolar consigue que el hombre identifique su necesidad de
aprender con la demanda de la escolaridad como un hecho aparte de su vida
familiar y espiritual, el proceso de educación deja de ser natural y se
transforma en un producto de contenido abstracto y universal, totalmente impersonal,
medible y elaborado profesionalmente con anterioridad. El aprender se convierte
en un problema de cantidad de consumo. (p. 98)
El desarrollo del Pensamiento
Complejo, siempre y cuando no se convierta en un “taller de habilidades del
pensamiento” facilitaría el desarrollo de la creatividad, la
cual adquiere hoy una singular importancia, pues permite la construcción de
nuevos modos de entender el conocimiento y la enseñanza más allá del
pragmatismo tecnológico como único resultado válido del saber científico; o del
lenguaje “académico-científico”, como modo de exponer el proceso de
investigación en el área de las ciencias sociales, y de modo específico en el
campo de las investigaciones educativas.
Para que un discurso de
investigación en las ciencias sociales sea válido, no es cierto que se requiera
de un lenguaje técnico, como quien dice “hablar en tercera persona”, o
solamente de hechos comprobables, lejos de temas filosóficos, o de las
reflexiones teológicas. Esto sería la negación más absoluta de la posibilidad
de investigar desde el Pensamiento Complejo.
El conocimiento desde el
Pensamiento Complejo, desde la apertura a lo trascendental se hace vida, capaz
de combinar numerosas cualidades racionales, emotivas, afectivas, espirituales
en torno a los problemas y situaciones de la historia de vida que desarrolla
cada persona. La educación es vida, y la vida trasciende lo informático,
lo físico y lo biológico. El Pensamiento Complejo como propuesta epistémica
supera los límites impuestos por el materialismo inmanente de Morin.
El centro de la antropología de la
complejidad, lo plantea Morin desde lo ontológico. Entonces, es la propuesta
ingenua de un manual, sino, que la complejidad de la inteligencia humana es un
hecho, el hombre es complejidad en sí mismo, su hacer personal, comunitario y
social es complejidad, su modo de pensar es complejidad; este es precisamente
lo obviado por la epistemología positivista de la Modernidad.
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
Barbera, G
(1987) Críticas socio-educativas de Ivan Illich. En revista Anthropos Nº
15. Instituto Superior Salesiano de Filosofía y Educación. Caracas- Venezuela.
Barbera, G
(2001) Aproximaciones al problema del sentido de la vida. En Revista
Ciencias de la Educación Nº 17. Universidad de Carabobo. Valencia-
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[1] Profesor
del Departamento de Filosofía, de la Facultad de Ciencias de la Educación, de
la Universidad de Carabobo. Licenciado en Educación mención Filosofía (UCAB),
Especialista en Educación Superior (UC), Magíster en Desarrollo Curricular
(UC), Doctor en Ciencias de la Educación (UC), Cursa el doctorado en
Ciencias Sociales mención Cultura (UC). Obras publicadas: “Ética, locura y
muerte”, “Ética, locura y muerte (segunda parte)”, “Reflexiones elementales en
torno a la ética”, “La Filosofía de Cerca”.

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